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jueves, 12 de junio de 2008

Es oficial:


mi Ipod nano 8 G verde, valió madre!

El sábado pasado murió por la patria y toda la semana me la pasé de luto, esperando que resucitara al tercer día, pero nada. Vivimos en épocas de desesperanza, la fe colectiva no fue suficiente para que apareciera de nuevo entre nosotros; ni pedo, así es la vida, no me queda más que seguir viviendo sin él.

sniffff!!


miércoles, 11 de junio de 2008

Esperaré pacientemente

EL OTRO

¿Por qué decir nombres de dioses, astros
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Si nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.
Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre
al que no conocemos, pero está
presente a todas horas y es la víctima
y el enemigo y el amor y todo
lo que nos falta para ser enteros.
Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.
Muere con la mitad más pura de tu muerte.
Rosario Castellanos



Ya hace un mes de aquel último mail que te mandé. He tratado de ser una chica fuerte, he dominado mi instinto cuando me dan esos impulsos por marcarte o mandarte algunas letras; la verdad, no sé si en realidad mi manera de actuar sea la correcta. A veces pienso que quizás todo fue mi culpa, por instantes machaco la idea en mi cabeza de llamarte, pero me abstengo al pensar: ¿Qué es lo que te voy a decir? y ¿Cuál es la finalidad de buscar tu voz ? Y muy probablemente no sean esas respuestas las que me generan este miedo paralizante.

Te sueño de diario, quizá por ello la distancia lastimera no ha hecho mella en mi amor por ti, pero cada mañana al despertar siento algo que me impide respirar y entre las cejas se me marcan dos arrugas que señalan la tristeza que siento al saber que en realidad no estás conmigo. El soñarte, constantemente me ayuda a mantener la fe, a recuperar el animo para esperar pacientemente el día que regreses y la fuerza necesaria para no estar agotada de vivir sin ti a la hora de vernos a los ojos.

No diré, ahora mismo, que no hay ocasiones en las que deseo que pase el tiempo para olvidar -lo que sea necesario- y es entonces cuando otro montón de preguntas bombardean la fortaleza que genera en mi esta certeza de saber que te amo. Luego, te recuerdo, en mi mente escucho tu voz dándome animo y me siento culpable de desear olvidar esto tan hermoso que me haces sentir.

O será como hace poco alguien me dijo: "Es tu soberbia la que te impide amar, no las condiciones del otro. Es tu miedo a perder el control de la relación". No me justificaré, probablemente haya mucho de verdad en tal afirmación, lo que sí sé es que estoy sintiendo algo muy grande, como nunca antes y que cualquier error lo puedo achacar a mi habitual soledad.

lunes, 9 de junio de 2008

Íntimamente

Con las mismas letras que nos encontramos al abrir este blog -la promesa, bello poema de Rosario Castellanos- empezó Íntimamente, puesta en escena escrita y actuada por Ofelia Medina, basada en los poemas de Rosario Castellanos. Por jugadas de la vida tuve acceso a un ensayo de esta obra de teatro, donde horas antes de la función se montaban las luces, se checaba la acústica, en fin... lo necesario para dejar todo listo y que el público disfrutara de una maravillosa puesta. "Te lo voy a decir todo cuando muramos, te lo voy a contar palabra por palabra..." decía Ofelia, metida en una bañera con el pecho desnudo, y después de la promesa empezó a contarnos, envolvernos y contagiarnos de aquella catarsis que fluía como fuego sobre brazas rojas.


De siempre he sabido que la poesía retrata al espíritu, que mediante ella podemos encontrarnos a nosotros mismos por su universalidad. La Medina, se encuentra en los poemas de Rosario como si fuese ella misma, eso se ve en el escenario. Quizá por conocer un poco menos a Ofelia que a la poetiza, hubo ratos que no supe quien de las dos hablaba, pues la actriz varias veces demostró locura al interpretar los poemas, una locura propia del enfrentamiento más intimo del ser y a tal hecho atribuyo que esta obra de teatro es una catarsis de principio a fin.

Es por tanto, una selección de versos hecha con microscopio con el deseo más desesperado de expresar sus más intimas emociones. La compenetración de dos seres apasionados y guerreros que la señora Medina amalgama muy bien e íntimamente nos comparte su fusión con el personaje.

Obviamente la interpretación es excelente -esta mujer proyecta hasta con las pestañas- voz, cuerpo, emoción, dominio del escenario, etc. Tiene todo lo que se necesita para ser actriz, incluyendo la necesidad de contar una historia, que tanto le hace falta a la mayoría de los que se dedican a la actuación y al arte en general.

Pues, por todo ello, ir al ensayo y la función, resultó uno de los ejercicios de vida más significativos de mis últimos días, aunque para muchos de los que asistieron fuera cansado, con decir que el señor que estaba a mi lado se dispuso a dormir y hasta estaba roncando, pero en fin... es parte de la propia catarsis aristotélica, no escuchar la palabra de Rosario y la voz de Ofelia, mientras, estoy segura, a más de dos nos dejó en el inicio de una batalla interior.

Gracias ROSARIO, Gracias OFELIA.

viernes, 6 de junio de 2008

hablemos de amor...

No, mejor hablemos de el fin de la locura, que todavía no termino(ó); mejor no. Hablemos de cualquier cosa que nos haga más ligera la carga de charlar. Sí, es buena idea esa de hablar de cualquier cosa. De qué hablamos entonces? Del calor estaría bien. Ok.

El calor.

No me quejo, pero: ahh, cómo hace calor. Se va a acabar el mundo de tantos ladrillos que están construyendo -Ruly dixit-.

Hace unos días, decía que: el calor es mi más estable estado de ánimo. Actualmente, el tener siempre la temperatura alta es lo que me ayuda a soportar el infierno que se vive. Tan capacitada estoy para sobrevivir a las altas temperaturas que cuando realmente siento el calor es porque estamos a más de 45º y, ¿Qué otra cosa se puede esperar de una mujer de desierto?

Mejor cambiemos de tema, sucede que cuando hablo así siempre escapan murmullos escurridizos. Quería hablar de amor, pero las palabras huyen y no quieren ser atrapadas por mi red caza sentimientos rebeldes. ¿Qué podemos hacer? Sacarlas a la malagueña, forzarlas a hablar. Vamos a ver que dicen.

No quiero saber que es lo que siento, ni siquiera quiero sentir. Por hoy me abstengo a recordar a ese hombre. No me quiero sentir vacía de su amor, pues el tiempo, la distancia lastimera y la indiferencia se están convirtiendo en olvido. No quiero olvidarle sobre todo no quiero que me olvide, aunque se mantenga lejos y ausente, quiero sentirlo cercano, presente, jugar a que lo veo y nos mordemos los labios, aullarnos con la mirada, volvernos eternos.

Sólo pude capturar las anteriores, no tuve la mezquindad necesaria para retener a la fuerza a el resto, mejor las dejé irse y ser libres de no expresarse y por esta vez dejarlas fluir en el silencio que se escurre en llanto en un rincón de la habitación, aunque suene muy cliché.

Mejor lo dejamos para después, ya ves... a veces soy demasiado obstinada y me empeño en hablar de cosas difíciles, unas me sale bien y otras, como hoy, es mejor abstenerse. Yo sólo quería hacer la platica más ligera, poder hablar de cualquier cosa, no ser tan dramática, en fin... ni hablar mujer, traes puñal.

miércoles, 4 de junio de 2008

Cachorita viajera, fuma hierba y le da chorro.


Oaxaca poco a poco se va revelando ante mis sentidos, va alertando su presencia en el universo y agudizando su llamado que llega lento como rumor indescifrable. Amansa, muy a su manera, mi espíritu, lo conduce paso a paso hacía la paz en esta vida agitada. Me seduce y provoca a cada acercamiento, pero con un poco de sabiduría prestada aguardo el primer encuentro con la tierra del barro negro.

De mientras una parte de Oaxaca viene hacia el desierto. Una mujer de espíritu guerrero y sanador. Esta cachorita de mezquite venció realidades invencibles, buscó y encontró la manera de ir hacia la capital para estar presente entre el público que disfrutaría a Lila Downs el sábado pasado.

El padre sol me esperaba tácito entre los cerros que guardan la ciudad capital y una vez que hubo amanecido el sábado, empezó a sacarme el mal del cuerpo. Yo creo en aquello de que la hierba cura la mala fe, creo en la hierba como purificadora del cuerpo y del espíritu, e hice uso de ella con gusto. Después fui a disfrutar de Lila y aunque estaba lejos del escenario tocó hasta las fibras más intimas de mi ser.

Ay, Sandunga! Tu canto fue el temblor de tu pueblo que quiere abrirme la entraña, Ay, Sandunga! Sabia interprete que dejaste la sandunga al final para terminar cortando la cola palpitante de esta poróhui, y fue eso y mucho más. Fue el arrastre de tu cuerpo por el escenario, fue la voz que aún resuena en mi interior. Es Oaxaca que aulla por las noches.

Y ahora ya estoy acá en mi tierra, mala del estómago -se me está saliendo el demonio por la cola- empezando a vivir de nuevo la rutina.

Decía, Rosario Castellanos, que:

Privilegio de la suicida

El que se mata mata al que lo amaba.
Detiene el tiempo —el tiempo que es de todos
y no era sólo suyo—
en un instante: aquel en que alzó el vaso
colmado de veneno;
en que segó la yugular; en que
hendió con largos gritos el vacío.

Ah, la memoria atónita, sin nada más que un
huésped;
la atención que regresa como un tábano
siempre hasta el mismo punto intraspasable
y la esperanza que amputó sus pies
para ya no tener que ir más allá.

Ay, el sobreviviente,
el que se pudre a plena luz, sepulcro
de par en par abierto,
paseante de hediondeces y gusanos,
presencia inerme ante los ojos fijos
del juez ¿y quién entonces
no osa empuñar la vara del castigo?

¡Condenación a vida!

(Mientras el otro, sin amarraduras,
alcanza la inocencia del agua, las esencias
simplísimas del aire
y, materia fundida en la materia
como el amante en brazos del amor,
se reconcilia con el universo.)

cometer suicidio

Me canso con facilidad. Del tocador a la cama se extendió, hace unos días, un mareo que casi termina en desmayo. Me siento pesada, ajena a este cuerpo que ya no me responde, sorprendida al estar en el umbral de una puerta que todavía me da miedo cruzar. Estar rechazándome a mi misma me tiene cansada, un cansancio que a veces huele a sangre, locura y muerte.

Lo he vuelto a pensar, la última vez que pensé en ello fue hace siete u ocho años, quiero decir: lo he vuelto a sentir. Alguien dijo que la muerte era cálida, quizá sí; recuerdo que un rumor cálido recorría mis brazos, y cuando observaba lo perfectas que están dibujadas mis venas, sentía como evaporaba el flujo de sangre imaginario, con un frenesí desquiciante y ante tal locura, mejor me abstuve. Aquella vez, la pasada, fue más intenso: Sentía como el calor del enfrentamiento con la muerte me quemaba la piel. Las condiciones en las que estaba eran muy dolorosas, no eran ganas de morir, más bien eran ganas de dejar de vivir. Afortunadamente todo aquello pasó y pensé que no volvería a sentir deseo por arrancarme las venas, y aunque esta vez fue muy diferente también he logrado salir sin ninguna cicatriz.

El suicidio dicen que es la peor de las muertes, que ni siquiera te dan una misa en la iglesia cuando ya no estás en tu cuerpo, pero siempre he imaginado que el suicida en su último aliento se arrepiente de su pecado y encontrándose frente a la muerte finalmente comprende la vida, por eso nunca me he cortado las venas, en el ardor de la agonía estoy segura encontraría placer y de nuevo me abandonaría a observar la maravillosa plástica que estarían formando mis chorros de sangre por todos lados y al final el arrepentimiento y las ganas de vivir, esa comprensión a la vida, jamás llegaría y terminaría siendo un suicidio estéril.

Recapacito, siempre, ante tal reflexión y creo que la acción diaria se encarga de proveer la asfixia necesaria para llegar a una catarsis que depure el espíritu y poco a poco ir encontrando la pureza de nuestra existencia.