
mi Ipod nano 8 G verde, valió madre!
sniffff!!



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Etiquetas: aguanta corazón no seas cobarde, en palabras de otros, los mails que no me atrevo a mandarte, poesía
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Etiquetas: catarsis, en palabras de otros, poetas, teatro
No, mejor hablemos de el fin de la locura, que todavía no termino(ó); mejor no. Hablemos de cualquier cosa que nos haga más ligera la carga de charlar. Sí, es buena idea esa de hablar de cualquier cosa. De qué hablamos entonces? Del calor estaría bien. Ok.
El calor.
No me quejo, pero: ahh, cómo hace calor. Se va a acabar el mundo de tantos ladrillos que están construyendo -Ruly dixit-.
Hace unos días, decía que: el calor es mi más estable estado de ánimo. Actualmente, el tener siempre la temperatura alta es lo que me ayuda a soportar el infierno que se vive. Tan capacitada estoy para sobrevivir a las altas temperaturas que cuando realmente siento el calor es porque estamos a más de 45º y, ¿Qué otra cosa se puede esperar de una mujer de desierto?
Mejor cambiemos de tema, sucede que cuando hablo así siempre escapan murmullos escurridizos. Quería hablar de amor, pero las palabras huyen y no quieren ser atrapadas por mi red caza sentimientos rebeldes. ¿Qué podemos hacer? Sacarlas a la malagueña, forzarlas a hablar. Vamos a ver que dicen.
No quiero saber que es lo que siento, ni siquiera quiero sentir. Por hoy me abstengo a recordar a ese hombre. No me quiero sentir vacía de su amor, pues el tiempo, la distancia lastimera y la indiferencia se están convirtiendo en olvido. No quiero olvidarle sobre todo no quiero que me olvide, aunque se mantenga lejos y ausente, quiero sentirlo cercano, presente, jugar a que lo veo y nos mordemos los labios, aullarnos con la mirada, volvernos eternos.

Publicado por María se publicó a las: 9:47:00 p. m. 0 comentarios
Etiquetas: aguanta corazón no seas cobarde, me abstengo, palabras sacadas a tirabuzón, qué calorón

Oaxaca poco a poco se va revelando ante mis sentidos, va alertando su presencia en el universo y agudizando su llamado que llega lento como rumor indescifrable. Amansa, muy a su manera, mi espíritu, lo conduce paso a paso hacía la paz en esta vida agitada. Me seduce y provoca a cada acercamiento, pero con un poco de sabiduría prestada aguardo el primer encuentro con la tierra del barro negro.
De mientras una parte de Oaxaca viene hacia el desierto. Una mujer de espíritu guerrero y sanador. Esta cachorita de mezquite venció realidades invencibles, buscó y encontró la manera de ir hacia la capital para estar presente entre el público que disfrutaría a Lila Downs el sábado pasado.
El padre sol me esperaba tácito entre los cerros que guardan la ciudad capital y una vez que hubo amanecido el sábado, empezó a sacarme el mal del cuerpo. Yo creo en aquello de que la hierba cura la mala fe, creo en la hierba como purificadora del cuerpo y del espíritu, e hice uso de ella con gusto. Después fui a disfrutar de Lila y aunque estaba lejos del escenario tocó hasta las fibras más intimas de mi ser.
Ay, Sandunga! Tu canto fue el temblor de tu pueblo que quiere abrirme la entraña, Ay, Sandunga! Sabia interprete que dejaste la sandunga al final para terminar cortando la cola palpitante de esta poróhui, y fue eso y mucho más. Fue el arrastre de tu cuerpo por el escenario, fue la voz que aún resuena en mi interior. Es Oaxaca que aulla por las noches.
Y ahora ya estoy acá en mi tierra, mala del estómago -se me está saliendo el demonio por la cola- empezando a vivir de nuevo la rutina.
Publicado por María se publicó a las: 9:14:00 p. m. 0 comentarios
Privilegio de la suicida
El que se mata mata al que lo amaba.
Detiene el tiempo —el tiempo que es de todos
y no era sólo suyo—
en un instante: aquel en que alzó el vaso
colmado de veneno;
en que segó la yugular; en que
hendió con largos gritos el vacío.
Ah, la memoria atónita, sin nada más que un
huésped;
la atención que regresa como un tábano
siempre hasta el mismo punto intraspasable
y la esperanza que amputó sus pies
para ya no tener que ir más allá.
Ay, el sobreviviente,
el que se pudre a plena luz, sepulcro
de par en par abierto,
paseante de hediondeces y gusanos,
presencia inerme ante los ojos fijos
del juez ¿y quién entonces
no osa empuñar la vara del castigo?
¡Condenación a vida!
(Mientras el otro, sin amarraduras,
alcanza la inocencia del agua, las esencias
simplísimas del aire
y, materia fundida en la materia
como el amante en brazos del amor,
se reconcilia con el universo.)
Publicado por María se publicó a las: 1:39:00 p. m. 0 comentarios
Etiquetas: en palabras de otros, poesía, poetas
Me canso con facilidad. Del tocador a la cama se extendió, hace unos días, un mareo que casi termina en desmayo. Me siento pesada, ajena a este cuerpo que ya no me responde, sorprendida al estar en el umbral de una puerta que todavía me da miedo cruzar. Estar rechazándome a mi misma me tiene cansada, un cansancio que a veces huele a sangre, locura y muerte.
Lo he vuelto a pensar, la última vez que pensé en ello fue hace siete u ocho años, quiero decir: lo he vuelto a sentir. Alguien dijo que la muerte era cálida, quizá sí; recuerdo que un rumor cálido recorría mis brazos, y cuando observaba lo perfectas que están dibujadas mis venas, sentía como evaporaba el flujo de sangre imaginario, con un frenesí desquiciante y ante tal locura, mejor me abstuve. Aquella vez, la pasada, fue más intenso: Sentía como el calor del enfrentamiento con la muerte me quemaba la piel. Las condiciones en las que estaba eran muy dolorosas, no eran ganas de morir, más bien eran ganas de dejar de vivir. Afortunadamente todo aquello pasó y pensé que no volvería a sentir deseo por arrancarme las venas, y aunque esta vez fue muy diferente también he logrado salir sin ninguna cicatriz.
El suicidio dicen que es la peor de las muertes, que ni siquiera te dan una misa en la iglesia cuando ya no estás en tu cuerpo, pero siempre he imaginado que el suicida en su último aliento se arrepiente de su pecado y encontrándose frente a la muerte finalmente comprende la vida, por eso nunca me he cortado las venas, en el ardor de la agonía estoy segura encontraría placer y de nuevo me abandonaría a observar la maravillosa plástica que estarían formando mis chorros de sangre por todos lados y al final el arrepentimiento y las ganas de vivir, esa comprensión a la vida, jamás llegaría y terminaría siendo un suicidio estéril.
Recapacito, siempre, ante tal reflexión y creo que la acción diaria se encarga de proveer la asfixia necesaria para llegar a una catarsis que depure el espíritu y poco a poco ir encontrando la pureza de nuestra existencia.
Publicado por María se publicó a las: 12:24:00 a. m. 0 comentarios