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miércoles, 11 de junio de 2008

Esperaré pacientemente

EL OTRO

¿Por qué decir nombres de dioses, astros
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Si nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.
Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre
al que no conocemos, pero está
presente a todas horas y es la víctima
y el enemigo y el amor y todo
lo que nos falta para ser enteros.
Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.
Muere con la mitad más pura de tu muerte.
Rosario Castellanos



Ya hace un mes de aquel último mail que te mandé. He tratado de ser una chica fuerte, he dominado mi instinto cuando me dan esos impulsos por marcarte o mandarte algunas letras; la verdad, no sé si en realidad mi manera de actuar sea la correcta. A veces pienso que quizás todo fue mi culpa, por instantes machaco la idea en mi cabeza de llamarte, pero me abstengo al pensar: ¿Qué es lo que te voy a decir? y ¿Cuál es la finalidad de buscar tu voz ? Y muy probablemente no sean esas respuestas las que me generan este miedo paralizante.

Te sueño de diario, quizá por ello la distancia lastimera no ha hecho mella en mi amor por ti, pero cada mañana al despertar siento algo que me impide respirar y entre las cejas se me marcan dos arrugas que señalan la tristeza que siento al saber que en realidad no estás conmigo. El soñarte, constantemente me ayuda a mantener la fe, a recuperar el animo para esperar pacientemente el día que regreses y la fuerza necesaria para no estar agotada de vivir sin ti a la hora de vernos a los ojos.

No diré, ahora mismo, que no hay ocasiones en las que deseo que pase el tiempo para olvidar -lo que sea necesario- y es entonces cuando otro montón de preguntas bombardean la fortaleza que genera en mi esta certeza de saber que te amo. Luego, te recuerdo, en mi mente escucho tu voz dándome animo y me siento culpable de desear olvidar esto tan hermoso que me haces sentir.

O será como hace poco alguien me dijo: "Es tu soberbia la que te impide amar, no las condiciones del otro. Es tu miedo a perder el control de la relación". No me justificaré, probablemente haya mucho de verdad en tal afirmación, lo que sí sé es que estoy sintiendo algo muy grande, como nunca antes y que cualquier error lo puedo achacar a mi habitual soledad.

miércoles, 4 de junio de 2008

Decía, Rosario Castellanos, que:

Privilegio de la suicida

El que se mata mata al que lo amaba.
Detiene el tiempo —el tiempo que es de todos
y no era sólo suyo—
en un instante: aquel en que alzó el vaso
colmado de veneno;
en que segó la yugular; en que
hendió con largos gritos el vacío.

Ah, la memoria atónita, sin nada más que un
huésped;
la atención que regresa como un tábano
siempre hasta el mismo punto intraspasable
y la esperanza que amputó sus pies
para ya no tener que ir más allá.

Ay, el sobreviviente,
el que se pudre a plena luz, sepulcro
de par en par abierto,
paseante de hediondeces y gusanos,
presencia inerme ante los ojos fijos
del juez ¿y quién entonces
no osa empuñar la vara del castigo?

¡Condenación a vida!

(Mientras el otro, sin amarraduras,
alcanza la inocencia del agua, las esencias
simplísimas del aire
y, materia fundida en la materia
como el amante en brazos del amor,
se reconcilia con el universo.)