De siempre he sabido que la poesía retrata al espíritu, que mediante ella podemos encontrarnos a nosotros mismos por su universalidad. La Medina, se encuentra en los poemas de Rosario como si fuese ella misma, eso se ve en el escenario. Quizá por conocer un poco menos a Ofelia que a la poetiza, hubo ratos que no supe quien de las dos hablaba, pues la actriz varias veces demostró locura al interpretar los poemas, una locura propia del enfrentamiento más intimo del ser y a tal hecho atribuyo que esta obra de teatro es una catarsis de principio a fin.
Es por tanto, una selección de versos hecha con microscopio con el deseo más desesperado de expresar sus más intimas emociones. La compenetración de dos seres apasionados y guerreros que la señora Medina amalgama muy bien e íntimamente nos comparte su fusión con el personaje.
Obviamente la interpretación es excelente -esta mujer proyecta hasta con las pestañas- voz, cuerpo, emoción, dominio del escenario, etc. Tiene todo lo que se necesita para ser actriz, incluyendo la necesidad de contar una historia, que tanto le hace falta a la mayoría de los que se dedican a la actuación y al arte en general.
Pues, por todo ello, ir al ensayo y la función, resultó uno de los ejercicios de vida más significativos de mis últimos días, aunque para muchos de los que asistieron fuera cansado, con decir que el señor que estaba a mi lado se dispuso a dormir y hasta estaba roncando, pero en fin... es parte de la propia catarsis aristotélica, no escuchar la palabra de Rosario y la voz de Ofelia, mientras, estoy segura, a más de dos nos dejó en el inicio de una batalla interior.
Gracias ROSARIO, Gracias OFELIA.
